Un mensaje muy especial…

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Ayer recibí este mensaje en mi correo electrónico y tuve que compartirlo. Inmediatamente lo leí, me comuniqué con Marisela para solicitar su autorización y publicarlo para beneficio de todos. No solo tenemos chicos valientes y guerreros, pero los padres de estos chicos son excepcionales.

Debemos recordar que la actitud define muchos aspectos nuestra vida; afecta desde lo más sencillo hasta las grandes pruebas, como la diabetes tipo 1. Y claro que ninguno de nosotros queríamos tener a la Tía Bety en nuestros hogares y menos que fuera uno de nuestros hijos, pero hay que darle el frente al las situaciones; y hacerlo con amor, esmero y perseverancia. Esta nota me impactó mucho y todos debemos leerla…

Mila, quiero compartir contigo lo que ha sucedido en mi familia desde el diagnóstico de diabetes tipo 1 de mi hijo Carlos. Somos de Puerto Rico, pero vivimos en Arizona, aquí comenzamos nuestra familia. Hacen 3 años desde que la vida de nuestra familia se detuvo por unos días, digo que se detuvo pues mi esposo y yo entramos en tal estado de depresión, tristeza y shock que fue mi mamá la que cuido a Carlos esa primera semana. No quería ni escuchar la palabra diabetes, mucho menos ver u oler la insulina de mi hijo. 

Mi esposo y yo hemos trabajado en el campo de la salud por mucho tiempo, desafortunadamente trabajamos muy de cerca con personas que tienen complicaciones provocadas por la diabetes. El pensar que en el futuro mi hijo podía ser una de esas personas, me destrozaba, aun cuando sabía que las cosas no tienen por que ser así. Fue la peor semana que he tenido en mi trabajo, lloraba diariamente y cuando algún compañero me preguntaba por Carlos, volvía a llorar.  

Una mañana, con solo 6 días de su nuevo diagnóstico mi hijo Carlos me dice; “Mamá, mira lo que puedo hacer”. Él tomó el frasco de insulina, la jeringa, extrajo la insulina y se inyectó. Su cara de satisfacción y alegría, no tienen manera de explicarse. Fue ahí, donde entendí que mi actitud estaba totalmente errada. Si mi hijo de 8 años podía celebrar que él solo podía inyectarse y comenzar a tomar el control de su diabetes, por que yo no lo podía hacer. Para él, era parte de su nueva rutina.

Desde ese día mi esposo y yo nos dimos cuenta que la vida continua, son pruebas para crecer, aprender y valorar aún más la vida. Nos comprometimos a cuidarlo, educarlo y proveerle una vida normal. Le dijimos que la diabetes, no sería obstáculo para alcanzar sus sueños y metas,  y todos en la familia participamos activamente de su cuidado.

¿Por qué te cuento esto? Muchas veces nos encerramos en el negativismo y solo pensamos en las complicaciones que la diabetes puede provocar. Yo pensaba, pobre de mi, pobre de mi esposo; cuando en realidad quien vive con la condición es Carlos y para él no representaba un problema. 

Luego de mucho pensarlo, me decidí a escribirte, pues sentía que debía compartir nuestra historia. En mi “plan” familiar no contaba con esta lección de vida o situación, pero ya que me tocó vivirla, la manejaré con amor; por el amor que le tengo a mi hijo, me educo incansablemente y apoyo a la comunidad afectada por la diabetes tipo 1. 

Carlos tiene 11 años es un jovencito muy alegre, activo y dice que será médico, para ayudar a otros niños que como él viven con diabetes tipo 1. A todas las familias que tienen un dulce guerrero en su hogar, les envío un gran abrazo y mucha fe. Mila, gracias por tu apoyo, por siempre mantenernos al día en la educación y por todas esas palabras de aliento que siempre compartes.

Marisela, la mamá del dulce guerrero Carlos