Tres días… Ocho años… Una marejada de experiencias

dversary8Tres días… Sólo faltan 3 días para el “Diabeniversario” número 8 de la Tía Bety y nuestra familia. Han sido 8 años en los que he aprendido cosas que jamás pensé aprendería, he conocido a personas maravillosas y apasionadas acerca del tema de diabetes y la importancia de la educación. Si 8 años atrás me hubieran dicho que todo esto sucedería, no hubiera creído ni una palabra.

En estos 8 años he pasado por varias etapas, y aún de vez en cuando revivo alguna de ellas…

Negación- “¿Mi hijo de 3 años tiene qué?”

Incredulidad- “Estoy segura que en cualquier momento va a venir el médico y nos va a decir que todo ha sido un error, y que se equivocaron. No puede ser diabetes tipo 1”

Coraje- “¿Por qué a mi hijo, por qué a mi familia”

Curiosidad- “¿Habrán otras familias igual que nosotros?, quiero conocerlas!”

Entendimiento- “Honestamente no entendía lo que conllevaría aprender a convivir con esta caprichosa condición llamada diabetes tipo 1. Cada día seguimos aprendiendo diabetes y aprendiendo que el proceso de aprendizaje nunca termina”

Seguridad- “La diabetes tipo 1 piensa que es más fuerte que nosotros, ya veremos!”

Empoderamiento- “Nuestra familia es el equipo médico más cercano que tiene Jaime, por eso tenemos que aprender y conocer todo lo que más podamos para ayudarlo y apoyarlo”

Frustración- “Okay, pero ¿qué pasa?, hemos hecho todo bien y las glucosas no cooperan, que terca esta Tía Bety!”

Muchas personas se refieren al manejo de la diabetes como una montaña rusa, te sube, te baja y cuando menos piensas entras por el túnel oscuro. Al principio, cada subida o bajada nos espanta, nos asusta, nos aterroriza, pero poco a poco vamos ganando terreno. Con el pasar del tiempo nos sentimos fuertes, estamos atentos y aprendemos a como reaccionar mejor, al punto que hacemos del sube y baja algo normal en nuestras familias.

Hoy, casi 8 años más tarde, estoy agradecida por la salud de mi hijo… Y puedo decir con toda sinceridad, que aunque la Tía Bety llegó a nuestro hogar (sin haber sido invitada), ya es parte de nuestra familia y nos acompaña a todas partes.