Nuestro primer viaje sin la Tía Bety

IMG_8285La semana pasada mi esposo y yo viajamos a la ciudad de Philadelphia, para asistir a la conferencia de la Asociación Americana de Educadores de Diabetes (AADE). Sería la primera vez, en más de trece años, que Jaime y sus hermanos no viajarían con nosotros; se imaginan lo que me costó tomar la decisión y toda la preparación previa al viaje. El viaje estaba programado para salir el martes y regresar el sábado, y los chicos se estarían quedando en la casa de mis suegros.

Cada día hacía el plan mental de cómo sería el manejo remoto de la Tía Bety, a qué hora serían los monitoreos y lo más que me preocupaba, el cambio de pod la noche del jueves. Durante las semanas previas al viaje estuve enseñándole a los chicos cómo manejar las posibles hipoglucemias e hiperglicemias y cómo hacer el cambio de pod; dejé instrucciones para todo lo que se me pudo ocurrir.

Preparé nuestro mini almacén de artículos necesarios, les hice su maleta, le di un curso intensivo a mi suegra y partimos hacia Philadelphia. Sentí que dejaba parte de mi en Miami y no les niego que hasta mis lágrimas tuve en el avión antes de partir.

Jamás había agradecido tanto la tecnología como hasta ese día, donde sin importar donde estuviéramos, a través de nuestros teléfonos móviles, podíamos ver a los chicos en tiempo real utilizando Facetime. Era estar allí con ellos, escuchar sus voces y hasta participar del manejo de la Tia Bety tal y cual si estuviéramos en casa. Así hicimos los conteo de carbohidratos, establecimos cambios en basales y corroboramos las dosis de los bolos.

Mis hijos me demostraron lo que muchos me habían dicho, están más capacitados y listos para manejar la diabetes tipo 1 de Jaime de lo que pensamos. Pero ¿cómo han llegado a ese punto? Por que han visto el ejemplo de sus padres, los hemos integrado al cuidado de Jaime y siempre hemos tratado de educarlos lo más posible para que estén preparados en el momento que su ayuda sea necesaria.

Jaime es el menor de tres hermanos y tiene la gran dicha de contar con dos hermanos mayores, que durante nuestro viaje, fueron los que tomaron el control de su condición. Gabriel, mi hijo mayor de trece años, por primera vez inyectó a Jaime, se levantaba en varias ocasiones durante las noches a monitorear la glucosa de su hermano y a esa hora de la madrugada cuando me llamaba, me sugería lo que debíamos hacer. Diego, a sus doce años, también ayudo en el manejo durante esos “largos” días.

Una vez más la experiencia me reafirma que la educación es vital en el manejo de esta condición, no estoy diciendo que de ahora en adelante nosotros (papá y mamá) dejaremos el manejo de la Tía Bety en manos de nuestros hijos. Lo que digo es que es saludable darles la oportunidad de sentirse listos y seguros en caso de que tengan que cumplir con ese rol.

Fueron varias las personas con las que hablamos en AADE que nos dijeron; “Ya verán que esta experiencia será muy beneficiosa para ellos y para ustedes” Y ciertamente, lo fue; como padres pudimos ver como nuestros chicos han entendido el concepto de familia con diabetes y lo responsable y diligentes que fueron en el manejo de diabetes.

Agradezco a Diabetes Hands Foundation, por haberme brindado la oportunidad de asistir a esta conferencia y por la amistad de todos los miembros de la comunidad en linea con los que compartimos durante esta conferencia.