Mi mayor recompensa

Muchas veces me detengo a pensar o imaginar el futuro, donde estaremos viviendo, en que estaré trabajando, que harán mis hijos y como estará Jaime. Fantaseo desde como sería si ellos logran sus sueños de ser atletas profesionales, hasta imaginarlos casados y mimando a nuestros nietos. ¡Me pregunto tantas cosas! ¿Qué opinión tendrán nuestros hijos de sus padres? ¿Habremos manejado de manera correcta la diabetes de Jaime durante su adolescencia? Son muchas incógnitas que solo el tiempo nos dirá, pero de algo estoy muy segura; quiero estar tranquila y en paz de que Jaime será capaz de manejar su condición (en caso de que no hayan encontrado la cura).

Hoy durante el día estuve leyendo un poco del libro “Not Dead Yet” de Phil Southerland, paciente de diabetes tipo 1 y creador del equipo de ciclismo “Team Type 1”. Al final de su libro Phil le escribe una carta a sus padres, 28 años después de su diagnóstico. En ese momento me detengo a pensar, y pienso que sería lo que Jaime nos escribiría en unos 20 años, para ese entonces tendrá 30 años, ya mucho más maduro, educado y experimentado. ¡Me da pavor imaginar la carta! ¿Qué tal si todo lo que nosotros estamos haciendo y entendemos correcto para su bienestar es motivo de reclamo en un futuro?

Muchas veces he escuchado padres decir que desearían que sus hijos hubieran llegado al mundo con un manual de instrucciones; imaginen cuanto nos ayudaría ese manual para cuidar y criar a un niño con diabetes tipo 1. Ese manual físicamente no existe, pero contamos con muchos recursos que nos pueden ayudar a lo largo de esta tarea y para nosotros los padres de un niño con una condición crónica es importantísimo utilizar todos esos recursos.

Quisiera imaginar que la carta de Jaime en futuro diga algo así;

Queridos Papá y Mamá,
Han sido para mí y mis hermanos los mejores padres. Gracias por educarme y hacerme consciente de cuan importante es el cuidado de mi condición. Gracias a eso tengo salud y un futuro por delante. Su paciencia y perseverancia es incomparable y me siento súper afortunado de haber nacido en mi hogar, con ustedes como mi papá y mamá. Fueron estrictos, exigentes, pacientes y comprensivos, me guiaron a través de cada etapa con sabiduría y disciplina. Siempre me hablaron con la verdad aun cuando me explicaban acerca de las complicaciones de la diabetes; pero nunca infundieron miedo, siempre fortaleza y deseos de estar muy educado.
Solo me resta decirles una vez más GRACIAS por cuidar de mi.
Los amo,
Jaime

Estoy segura de que lloraría de alegría, de tristeza de que mi pequeñito ya sea tan grande y más aun lloraría de orgullo. Sentiría que todas las noches eternas de monitoreos de glucosa, la constante educación, los retos que tuvimos que sobrepasar y todo lo que la diabetes nos puso de por medio todos esos años; sí habían valido la pena. El reconocer que mi hijo es un adulto responsable, educado, compasivo y amoroso es para una padre la mejor recompensa.

Tenemos una ardua tarea por delante, pero nuestro norte es la formación integra de un adulto de calidad.

 

4 thoughts on “Mi mayor recompensa

  1. carmen temina

    a mi me gustaria tambien qe mis hijos pudieran escribirme esa carta, no seria en un futuro tan lejano como a ti pero da igual, aunque fuera mañana mismo. Podia ser igual con la diferenia de la condicion de la diabetes, pero la verdad que hasta no me parece tanta difernencia, por que en esta vida tenemos nos puede surguir cualquier cosa y debemos preparar a nuestros hijos, creo que Jaime va a ser un chico como los demas, pero eso si responsabel tambien con su condicion
    sigamos asi…

  2. gina bazán

    Jaime es aún pequeño en edad cronológica, pero seguro ya muy maduro en el aspecto de cuidar más su vida. Estamos orgullosos de esos guerreros que como él luchan cada día. A mí me tocó vivir y me sigue tocando día a día, minuto a minuto, segundo a segundo, cada vivivencia de mis guerreros Diego, Marco y Bruno y por supuesto de mis otros guerreros: Mis Adinos.
    Querida Mila seguimos adelante verdad?, lo haremos siempre.
    Un fuerte abrazo.

  3. Rosario Marin

    Es muy difícil ser madre o padre y más si eres madre o padre de un niño con diabetes. Los míos no aceptaron mi condición, no aceptaron “esa debilidad” de mi y ha sido duro. Yo les he perdonado con el tiempo y asumo nuevos retos cada día. Nadie somos perfectos.
    Enhorabuena por vuestra labor y adelante.

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