¿La diabetes duele?

En una reciente conversación con los amigos de #DiabetesLA surgió esta pregunta; ¿La diabetes duele? Fueron diversas las opiniones y decidimos que todos íbamos a exponer nuestro sentir como parte del ejercicio.

Comienzo con la respuesta de Jaime.

Jaime, ¿la diabetes te duele? “Hmmm, no me duele, me molesta. Molestan los pinchazos, los cambios de pod o del sensor; pero es molestia, no dolor.“

En cambio mi respuesta sería esta:

La diabetes de Jaime me duele hasta el alma. La siento en la piel, la siento en el corazón y la siento en mi espíritu. Tengo muy claro que la diabetes NO será un impedimento para mi hijo alcanzar sus metas, pero me duele saber que Jaime depende de una bomba de insulina o inyecciones. Me duele ver las marcas en su cuerpo y en sus dedos. Me duele pensar que la diabetes es una condición crónica, compleja donde un error o un descuido puede costar muy caro; demasiado caro.

Me duele que mi hijo haya tenido que aprender a manejar un glucómetro y medirse la glucosa antes de aprender a correr su bicicleta. Me duele que a sus 12 años, ya tiene 9 años viviendo con diabetes.

Me duele la discriminación y las injusticias sociales que afectan a las personas tocadas por esta condición. Me duele pensar que hay personas que pierden la vida por falta de insumos, de acceso a médicos o peor aún, por negligencias médicas.

Son tantas cosas las que me duelen… Pero dentro de todo este dolor, hay algo que me provoca mucha tranquilidad; la respuesta de Jaime; “No me duele, me molesta.” Y aunque Jaime tenga momentos en los que detesta la diabetes tanto o más que yo, todo ese dolor que siento lo calma sus sonrisas y sus abrazos. Aún mientras estoy cambiando su pod, sensor o el tape del Dexcom, Jaime me agradece y demuestra su ternura y su cariño con los besos y abrazos que de él recibo.

Para nosotros los padres, la diabetes duele emocionalmente y psicológicamente más de lo que nadie pueda imaginarse. Pero no dejaré que el dolor me paralice. Quiero vivir disfrutando cada momento de su vida, cada pequeño triunfo que tengamos sobre la diabetes, aunque sea momentáneo, y quiero seguir disfrutando de los besos y abrazos de mi hijo.