Historias de diabetes: Maricé

Maricé fue diagnosticada a los 5 años con Diabetes tipo 1. ¡Nunca olvidaré la fecha! El 14 de febrero del 2008 después de una semana con catarro y fiebre le comenzaron los síntomas clásicos que preceden el diagnóstico.  Se levantaba a media noche con sed y con deseos de ir al baño, bajó de peso considerablemente aún cuando tenía un hambre increíble.  Un viernes en la tarde, después del Día de Juegos del colegio, llegó a casa y se quedó dormida en el sofá del “family”.  Como a las 7:00 p.m. se levanta con sed y  sus deseos de orinar eran tan fuertes que no llegó al baño.  Me pide agua, se toma dos vasos de agua y un jugo.

Me comunico con el pediatra y por los síntomas me dice que parece diabetes tipo 1.  Al otro día le mandó a hacer unos análisis y el azúcar en ayuna era 170.  Al llegar a sala de emergencia en el  Hospital San Jorge su nivel de azúcar ya estaba sobre 600.  Gracias a Dios durante las horas que pasamos en la sala de emergencia los niveles de azúcar ya habían sido controlados.  Mientras estuvimos en sala de  emergencia  buscábamos una explicación o diagnostico que no fuera la que nos habían dado.  ¡No conozco ningún diabético!  ¡No hay diabetes de ningún tipo en la familia!  ¿Como era posible? Como a nuestra niña tan activa y llena de vida le tocaría vivir con esta condición tan cruel.

Eran tanta las interrogantes y el pánico de como cambiaría  nuestras vidas.  Pasamos 5 días en el hospital, de doctor en doctor.  entrenándolos en como inyectar, que comer, que no comer.  Que pasaría  si le bajaba la azúcar, si le subía.  Era tanta información, tantos detalles.  Nos sentíamos  como si fuera el primer día de nuestras vidas.  Aún con tanto encima no podía llorar.  No quería que ella pensara que tenía algo grave.  Salimos del hospital con un nuevo estilo de vida.  Algo que nunca imaginé, una condición que desconocía totalmente.  Las instrucciones que me dieron en el hospital eran peores que llevar una dieta de bajar de peso.  Los alimentos no podían  tener mas de 3gr de grasa ni mas de 5gr de azúcar.  ¡Que locura! Pasaba horas en el colmado leyendo los contenidos nutricionales  tratando de buscar que alimentos podía comer.

Empezamos a educarnos acerca de la condición y como se maneja en diferentes países.  Me negaba a que mi hija creciera siendo esa niña aislada en la esquina de los cumpleaños que no podía comer bizcocho. ¿ Como crearíamos  un balance emocional y físico?  Empezamos a leer sobre el conteo de carbohidratos y aprendimos que la dieta del niño diabético debe ser la misma que cualquier otro niño.  Solo que  nosotros hacemos el trabajo del páncreas.  Buscando siempre el balance perfecto entre carbohidratos e insulina.

Aprendimos lo esencial que es en el desarrollo de un paciente con esta condición llevar un estilo de vida saludable y  activo.  Durante los pasados tres años hemos ido haciendo ajustes en la dieta y  ejercicio.  Aprendiendo y entendiendo las diferentes variables que afectan los niveles de azúcares y de insulina y haciendo los ajustes necesarios de acuerdo a las necesidades de la niña.  Gracias a Dios Maricé es una niña muy saludable, hace lo que cualquier niña de su edad.  Juega tenis y volleyball; estudia en la Academia San Ignacio en  cuarto grado.  Audi, la enfermera del colegio,  ha sido de gran ayuda con su tratamiento. Come de todo, siempre haciendo el conteo de carbohidratos y los cálculos de insulina necesaria. Hace año y medio que utiliza la bomba de insulina “OmniPod” la misma ha ayudado increíblemente en el manejo de su condición.

La diabetes es parte de todos en nuestra familia.  No es el “enemigo”.  Es algo que entendemos, aceptamos y forma parte de nuestras vidas.  Estamos muy agradecidos por que los avances de la medicina y la tecnología hacen de esta condición una menos dura que la vivida en pasadas generaciones.  Es nuestra tarea que Maricé aprenda a vivir una vida saludable a pesar de su condición, sin que esta le impida realizar sus metas y sus sueños.

Patty, mamá de Maricé

Protejo futuro Marice