Historias de diabetes: Ana Paola

Mi nombre Ana Paola Peraza, soy morocha y la segunda de tres hermanas, tengo 17 años y a pesar de todas las dificultades y problemas que he tenido, aquí estoy como una guerrera sobreviviendo y dándole motivos a mi destino.

En Venezuela, la vida de un diabético no es nada fácil, cuando vas a la farmacia los medicamentos son muy caros. A veces ni se consigue insulina, inyectadoras o incluso las tiras reactivas. ¿Cómo haces? Bueno, solo te queda seguir visitando otras farmacias o conocer gente que trabaje con laboratorios clínicos, hospitales o algún núcleo social donde la estén regalando, pero aun así ese no es solo el problema que hay para un diabético en Venezuela, ya que tú te enteras que en otros países la diabetes es muy avanzada, mientras aquí no existe avance alguno. Todavía hay personas que tienen diabetes pero no lo saben, eso me entristece mucho, porque particularmente yo día a día trato de sobrevivir y hay personas que por la falta de educación e ignorancia al tema, no se dan cuenta de lo que tienen.

He conocido personas diabéticas que solo se inyectan o se toman la glicemia una vez al día, una vez al mes, solo cuando se sienten muy mal, por el simple hecho que no tienen dinero para adquirirlos. Me duele saber que la ignorancia hacia el tema prolifere en la actualidad. Yo lo digo francamente, SER DIABETICO NO ES FÁCIL, PERO TAMPOCO ES DIFÍCIL. Una buena educación Diabetológica = comer sano+Insulina+Ejercicio = Autocontrol.

En mi familia mis dos abuelos de parte padre y madre tienen diabetes tipo dos y mi tío por parte de papá tiene diabetes tipo uno. En mis genes la palabra “DIABETES” estaba en grande y como la maquina humana es tan perfecta copio esa palabra y me la dejo tatuada hasta el ultimo día de mi vida.

Todo comenzó en 1998 cuando yo solo tenía 2 años de vida. Como todo niño(a) era muy enérgica, pero cuenta mi madre que de repente todo cambio, tomaba mucha agua, lloraba y tenia aptitudes de niña malcriada, siempre de mal humor, me daba mucha hambre, perdí peso y llegue a orinarme la cama, pero eso no era normal. Mi hermana mayor se enfermo y la llevaron al médico, luego por desgracia cayó enferma mi morocha, ellas se recuperaron y cuando ya todo parecía estar bien mi mamá no tuvo tiempo de respirar porque enseguida yo agrave. Me hospitalizaron, yo no entendía nada de lo que pasaba y mi mamá tratando de no ahogarse en un mar de lágrimas, Solo trataba de ser lo más fuerte posible, cuando le dijeron la noticia: “Señora su hija tiene diabetes tipo uno”.

Aquella mujer deprimida, entristecida, preguntándose “¿Qué había hecho mal?” Se convirtió en un súper héroe. Cuatro años después a mi hermana mayor con tan solo ocho años se la detectaron, fue igual de fuerte para mi mamá porque ya no solo era yo, ahora también era mi hermana. Pero con el tiempo logramos superar este gran reto llamado “DIABETES”, a pesar de todo, la crianza que nos dieron nos hizo entender lo que le pasaba a nuestro cuerpo. “Mami ¿Por qué todo los días me inyectas?, ¿Por qué no puedo comer dulces?, ¿Mami, puedo comer una galleta?, ¿Por qué los otros niños si pueden?, ¿Por qué me siento tan débil?, ¿Por qué tengo que pinchar mi dedo? ¡Estoy cansada de que todos los días me inyectes!”

Mi papá dormía conmigo o con mis hermanas por miedo a que en la madrugada a mi hermana mayor y a mí nos pasara algo, mi mamá se paraba todos los días en la madrugada con un glucómetro para hacer nuestra revisión de glicemia y así se pasaban la noche ellos dos, haciendo guardia, sin importar nada, ellos no se salían del cuarto hasta que no vieran que estábamos bien. Fue difícil, mi mamá nos educaba con las comidas, pero para ella el reto estaba cuando íbamos a una fiesta, una mesa llena de dulces, tentadora, nosotras unas niñas y al ver esa cantidad de chucherías se nos volvía la boca agua, pero ninguna era capaz de acercarse a la mesa y agarrar algo sin antes pedir permiso, ni siquiera mi morocha que no es diabética se atrevía a tomar un dulce. Aunque a veces, nos llevábamos algo de la mesa escondidas sin que nadie se diera cuenta, pero es que la tentación era muy grande y nosotras unas niñas queriendo comer lo que cualquier niño come, “DULCE”.

Cuando nos daban una bolsa de regalo, primero pasaba por las manos de mi mamá, asegurándose que no quedara ni un caramelo en la bolsa. Ella definitivamente nos cuidaba, aunque nosotras no entendiéramos porque hacia eso; por más que ella nos explicaba nosotras simplemente lo que queríamos era comer lo que otros niños comían. Cuenta mi madre que cuando una persona adulta me ofrecía un dulce yo le decía: “lo siento, no puedo, estoy en una dieta triste”. Entonces bajaba la cabeza y me iba, mi mamá se entristecía pero jamás dejo de cuidarnos.

Mi súper héroe (mi mamá) siempre nos ponía a hacer ejercicio, bailábamos, nos ponía una piscinita en el patio de mi casa, manejábamos bicicleta, saltábamos la cuerda, nos metió en clases de kickingball, caminábamos, estábamos en clase de teatro, etc. Mi mamá siempre se las ingeniaba para que hiciéramos ejercicio.

Fuimos creciendo y todo cambiaba, antes mi mamá nos inyectaba y calculaba las unidades de insulina que nos iba a colocar, luego mi hermana mayor aprendió sola y lo hacia ella misma, pero yo todavía seguía esperando a mi súper heroína, mi mamá. Un día que ella no estaba, me toco a mi solita, tenía dos opciones, esperar que mi hermana mayor me inyectara o hacerlo yo sola, pero cuando alguien te da apoyo todo sale mejor, entonces mi morocha como siempre , estaba ahí conmigo y me dijo : “Paola, yo te ayudo”, entonces me sentí bien, no me dio miedo porque estaba con ella , agarre la inyectadora calcule las unidades de insulina, metí la aguja en mi brazo y mi morocha apretó el émbolo, fue una inyección perfecta en equipo. Yo siempre he estado con ella y ella conmigo.

Recuerdo algo muy importante que nos decía mi mamá: “Al lugar que vallan ya sea en el colegio o cualquier sitio digan que son diabéticas”. Antes me daba pena decirlo y me lo quedaba para mí misma pero hoy en día, aprendí que “PENA” son solo cuatro letras y ahora se lo digo a cualquiera, aunque me he tenido que aguantar comentarios de personas que desconocen del tema.
Albert Einstein dijo: “Todos somos ignorantes, solo que no todos ignoramos las mismas cosas”

Como lo dije anteriormente, fui creciendo y todo cambiaba, mi cuerpo cambio extremadamente, pase de ser una niña súper delgadita a una mujer. A medida de ese proceso de transformación, mejor dicho “DESARROLLO” fui aprendiendo a conocer mejor mi cuerpo, lo que pasaba en mi organismo e incluso descubriendo cosas nuevas y a pesar que estaba en una etapa donde algunas personas la denominan como “ADOLESCENCIA= REBELDIA” no fui una chica que salía de fiesta en fiesta, que quería fumar, beber, drogarse o tener sexo. Para nada, más bien a pesar de que tenía a mí alrededor personas de mi edad que si lo hacían, jamás me atreví a hacer algo en donde no me sintiera a cómoda. Siempre me ha gustado conservar mis valores y poder decidir por mi misma lo que quiero, a pesar de que a veces me dijeran que tenía una aptitud de “VIEJA” jamás les pare, y no me arrepiento porque yo se que en este mundo yo estoy “SOBREVIVIENDO”, no voy a hacer algo que perjudique más mi salud. Con esto no quiero ofender o hablar mal de las personas diabéticas o no diabéticas que si lo hacen, porque como dice mi abuela “Cada quien es dueño de su cuerpo y de lo que hace”.
Bueno, pues crecí muy sanamente y desde pequeña mis padres me enseñaron a proponerme metas, en estos días escuche a mi hermana morocha hablar con mi padre, era una conversación rica en sabiduría, y recuerdo que los dos estaban de acuerdo a que el futuro no se puede planear ya que no sabemos lo que pueda pasar, pero que el secreto del éxito son definitivamente las metas, ya que las metas son un propósito de vida. Me identifique mucho con lo que decían y estuve de acuerdo con ellos. Alguien dijo alguna vez que “Aunque nadie pueda volver atrás y hacer un nuevo comienzo, cualquiera puede comenzar ahora y hacer un nuevo final” porque no importa las dificultades que se nos van poniendo en el camino, pero si tienes una meta, un propósito en la vida, no te va a importar las veces que caigas con tal de comenzar de nuevo. Yo sabía que tenía que esforzarme por sacar buenas notas y lo logre, entonces con eso logre mi primera meta, gracias a mis calificaciones pude entrar a la Universidad del Zulia en la facultad de medicina. ¡Si te lo propones, lo logras!

Yo particularmente tengo un porque para vivir, llamado diabetes, por esa razón me enfrento a todos los cómos de la vida. Este porque es fuerte, pero he tenido la dicha de saber vivir con ella, Para mí la DIABETES, es una amiga traicionera, porque a veces no sabes lo que ella es capaz de hacer, me pongo a pensar ¿Cómo sería mi vida sin ella? Y estoy segura que si no hubiese tenido diabetes, no hubiera conocido a las personas maravillosas que conozco hoy día, personas guerreras como yo, mi vida seria sedentaria, no me cuidara tanto como lo hago. En pocas palabras no me veo viviendo sin diabetes ya que con ella he demostrado que si se puede.

“ Y Sino vivo para servir no sirvo para vivir”. (Ana Paola Peraza)

Protejo futuro Ana Paola