Historia de diabetes: No salgas sin un plan B

Me llamo Juan Martín, vivo en Ciudad de México y me diagnosticaron diabetes tipo 1 a los 22 años. De eso hacen ya 5 años y les quiero compartir una experiencia que me pasó por no planificar un viaje de manera adecuada. Mi diagnóstico fue en el mes de junio, como todo joven adulto no presté la atención adecuada a la importancia de ser responsable en mis actos y decidí hacer un viaje con mis 3 mejores amigos al famoso Oktober Fest en Alemania.

Llegó el viaje y con maleta en mano nos fuimos, felices y muy emocionados por la oportunidad. Sería mi ultimo viaje antes de integrarme de lleno al campo laboral como ingeniero en sistemas, era un viaje que veníamos planificando desde muy chavitos.

El vuelo a Alemania fue larguísimo pero llegamos, nos instalamos en el hotel y los primeros dos días nos dedicamos a visitar museos, lugares turísticos y a disfrutar de la gastronomía alemana. Mis glucosas no estaban perfectas, pero ahí la llevaba.

La tercera noche decidimos ir a un festival, había mucha gente y apenas podías caminar. Llevaba mi insulina rápida, jeringuillas, el medidor de glucosa y algo por si se asomaba una hipo en un pequeño bulto que cargaba en mi cintura. Comenzó la música y la gente comenzó a acumularse, hasta el punto que no podíamos ni movernos. La música estaba buenísima y me la estaba pasando genial.

Calculo habrán pasado unas 2 horas y decido debo medir mi glucosa pues había estado comiendo salchichas y tomando cerveza. Qué creen? Se me había caído mi bulto! Y lo peor es que no había manera de regresar a donde estuvimos entre la multitud.

Aquí es donde aprendí la lección, en el hotel sólo tenía Lantus, pues mi error fue no llevar un plan B en caso de que la insulina que estaba usando se me dañara, perdiera, etc. No tenia otro medidor, sólo tiras y jeringas.

Como se imaginarán de pasara estar super divertidos en le festival, pasamos a modo de emergencia. No habían farmacias abiertas, no dominábamos el alemán y realmente temí por mi salud. No me costó más que irme a un hospital, pues sabía que con Lantus no sobreviviría. La experiencia fue muy intensa, no entendíamos el idioma y cada vez me sentía peor. Midieron mi glucosa al llegar y ya iba por los 400, pero no entendían que no tenía insulina rápida para corregirme.

Luego de unas 2 horas con suero, apareció una enfermera que hablaba un poco de español y pudo entender lo que me pasaba. Finalmente recibí las dosis de insulina rápida que necesitaba y me fui al hotel con 2 frascos de Novolog.

Jamás saldré de mi casa sin un plan B, no sabemos cuando las cosas se pueden complicar y podemos pasar un muy mal rato. No sean tercos como yo! 🙂