Historia de diabetes: De huracanes, emergencias y diabetes tipo 1

Escribo esta historia con un profundo dolor en mi corazón, pero a la vez con una inmensa alegría de la cual no puedo evitar sentirme culpable. Me llamo Marisol Torres, nací en un pequeño terruño que hoy vive una de las tragedias naturales más devastadoras en la historia; sí ese terruño es Puerto Rico. Vivo en la ciudad de San Francisco y conocí este blog mientras buscaba información de la condición de salud con la que el amor de mi vida, mi sobrina fue diagnosticada hacen casi 2 años. Mi sobrina Janelle tiene 7 años, es mi única sobrina y lo más que quiero.

Janelle vive en Cayey (una ciudad montañosa, de hermosos paisajes y comida increíble) junto a sus padres (mi hermano y sus esposa) y muy cerca viven mis papás también. Nuestro núcleo familiar es muy pequeño por eso saber que MI familia estaba siendo amenazada por un huracán como María para mi fue motivo de muchas preocupaciones. Soy muy organizada y desde días antes le decía a mi hermano que tenían que abastecerse de todo lo necesario para el cuidado de Janelle. Pero cómo se prepara uno para un fenómeno natural tan grande y fuerte como ese?

El huracán María azotó a Puerto Rico durante casi dos días, provocando destrozos e inundaciones jamás imaginados. Demoré 4 días en tener comunicación con familia quien afortunadamente estaba bien, pero aún impactados por la devastación a su alrededor. Acá en San Francisco sentía no podía ni concentrarme, no podía trabajar a mi acostumbrado ritmo sabiendo que mi familia estaba a oscuras, con alimentos limitados, pasando calor y sobretodo no podía dejar de pensar en la diabetes tipo 1 de Janelle.

El lunes después del paso de María,  aún muy temprano en California mi teléfono sonó, no podia creerlo era mi mamá! La comunicación estaba muy mala pero logré entenderla al decir estamos bien, muy asustados pero bien. Sentí una alegría inmensa, pero de inmediato la necesidad de reunirme con ellos me mataba. En mi país dicen que si quieres un favor necesitarás mover las palas que tienes para lograrlo y eso tuve que hacer. Trabajé por mucho tiempo en el Departamento de Turismo y después de mil llamadas pude sacar a mi familia de Puerto Rico.

Me encontré con ellos en Miami y les digo que lloré como niña, abrazar a mis padres, a mi hermano, su esposa embarazada y Janelle fue para mi una experiencia increíble. Ver a mi papá llorar contándome como perdió su adorado rancho, donde perecieron algunos de sus animales, su casa no tuvo daños estructurales pero muchos vecinos sí. En la casa de mi hermano como en la mayoría de las casas entró lluvia por los fuertes vientos, pero gracias al cielo nada de daños mayores.

La isla… Esa es otra historia, su descripción es; “la isla perdió su verdor.” Prácticamente a oscuras con un sistema eléctrico, de comunicaciones, de agua y de salud colapsados. Se detuvo el tiempo y la isla quedó incomunicada aún entre ellos msimos. Mi tierra, mi patria cuanto me dueles.

Al regresar a San Francisco logramos llevar a Janelle a un endocrinólogo pediatra para que nos hiciera las recetas necesarias para su cuidado. Por esto es que me siento tan culpable, tengo la dicha de abrazar a mis padres, de saber que no pasan hambre y que están seguros. Soy muy afortunada, pero muchos en PR no. Si por favor sientes que puedes ayudar a mi isla de alguna manera te invito a que lo hagas. Todavía al día de hoy hay personas que no se han logrado comunicar con sus familiares en el exterior, ponte en su lugar.

Hay muchas personas que requieren insulina al igual que mi sobrina, imagina fuera tu hijo. Los desastres naturales nos pueden ocurrir a todos, debemos estar preparados y ser solidarios. Hoy me despido de ustedes con un corazón agradecido, pero que aún llora a su isla.

Si deseas ayudar puedes hacerlo a Unidos por Puerto Rico.