Historia de diabetes: El día en el que olvidé mi diabetes

El 19 de septiembre de 1985 tuve mi primer encuentro con un terremoto. Yo era muy pequeña y tengo poco recuerdo salvo a mi madre pegando de gritos para hacerme salir del baño. Ella con toda calma nos mantuvo cerca a mi hermano y a mi en un departamento en un cuarto piso. ¡Vaya que se movió la tierra! Pensamos todos. Fuimos a la escuela como si no hubiera sucedido nada y luego nos enteramos gracias a los medios de comunicación lo que pasaba en nuestra ciudad. Nosotros, los niños de aquél entonces, recordamos francamente muy poco. Volvimos pronto a la escuela y por supuesto, a los juegos.  Hoy me pregunto cuánto tiempo habrán tardado mis papás en recuperarse no sólo de tremendo susto sino de la tristeza por ver una ciudad entera derrumbada. Amigos ausentes, vecinos asustados, tristeza por todos lados y mucha gente afectada.

El 19 de septiembre de este año pude recordar un poco. Al llegar a casa decidí conectarme a la web y enseñarle a una muy buena amiga a través de internet un dispositivo para el manejo de la diabetes que me habían prestado. ¡Estaba tan emocionada de poder probarlo y escribir sobre ello! Colgué la llamada y justo cuando iba a quitarme los zapatos lo sentí. No pude pararme de la silla donde estaba sentada pues de pronto las sillas de mi casa comenzaron a caer. El librero junto a mi cayó al piso y atoró mi suéter. Sí, era un terremoto y tristemente también era 19 de septiembre. Al poco tiempo logré salir de casa y cuando miré hacia atrás pude ver lo que había sucedido por dentro de mi hogar. Claro que estaba preocupada pero había logrado salir  y eso parecía más importante. Salí pensando en una sola cosa “la escuela de mi hijo”. No logré comunicarme con mi esposo pero me sentía tranquila “no, a mí los temblores no me dan miedo” pero al encontrarme en la calle y ver humo y polvo por doquier supuse que esto era más serio de lo que se había sentido. La única llamada que pude hacer fue a mi amiga, en otro país que no hizo sino intentar tranquilizarme. “No, a mi no me da miedo pero mi cerebro está confundido”.

Cuando llegué a la escuela de mi hijo él se encontraba a salvo pero en el trayecto pude ver lo que estaba pasando. Vecinos, amigos, toda mi ruta habitual y mi camino diario estaba destrozado. ¿Dónde está la gente? ¿Dónde están sus niños? Mi hijo salió del colegio y decidimos buscar a los abuelos. En el camino escuchamos reportes de edificios y colegios derrumbados. Nosotros conocemos bien esa zona, es donde crecimos y donde se formaron todos nuestros recuerdos. Nuestros corazones dolían tanto con cada noticia y mi cerebro se entorpecía cada segundo más. Cuando llegamos a casa de los abuelos nos abrazamos y dejamos a mi hijo a su cuidado para salir corriendo ¡debemos ayudar!.

Mi trabajo consistía en acopio de medicamentos. Alguien decidió, por alguna razón pedir insulinas y claro, yo las veía llegar y ser colocadas en el piso. Mi esposo decidió ayudar con las rocas, a mover escombros, a buscar gente. Cada vez que pasaba junto a mi su cara me hacía imaginarme historias que encogían más mi corazón y por supuesto mis ideas.

Claro, tengo un plan para el manejo de mi diabetes Por supuesto que tengo un botiquín. Sí, generalmente mi glucosa se comporta. No, en este caso no hice absolutamente nada y me olvidé de mi diabetes. Es la primera vez que me olvido sin querer y totalmente de mi diabetes. No, no medí mi glucosa. No, no escuché las alarmas, tampoco tomé colación y mucho menos tuve precaución en no lastimar mis pies. No, no llevaba zapatos cómodos. No medí mi presión y mucho menos conté carbohidratos. Ella, había desaparecido por completo. Por primera vez, me olvidé de ella por completo.

Aún no podemos dejar de sentirnos miserables por sólo haber ayudado dos días. Por sólo haber quitado rocas y sólo haber buscado ayuda para que las insulinas se permanecieran a salvo.


Ese día me olvidé de mi diabetes y no me siento culpable. Ese día fuimos otros y hoy, nos toca vernos renacer, aunque sea cargando piedras, aunque sea intentando ser mejores ciudadanos. Porque quizá sólo hacer eso pueda hacernos mejores o…sentirnos menos culpables. ¿Mi diabetes? Aquí está, bien protegida, hasta quizá otro 19 de septiembre.

Escrito por: Mariana Gómez
Mariana fue diagnosticada con diabetes tipo 1 en el verano de 1985. Ella es psicóloga y educadora en diabetes. En 2008, Mariana comenzó un blog donde comparte su experiencia de vida con otros. Ella es una vocero por la diabetes tipo 1 en América Latina. Mariana trabajó con la Federación Mexicana de Diabetes hasta 2012 y hoy en día es Gerente de Comunidad en www.estudiabetes.org  Ella es mamá de un jugador de fútbol americano de 10 años.  Vive en la Ciudad de México y ama los unicornios.