El poder de la palabra diabético

Durante el tiempo que llevamos educando, apoyando y empoderando a la comunidad de padres y familias tocadas por la diabetes tipo 1, hemos conocido a adultos que nos han contado sus experiencias y cómo el uso de la palabra diabético marcó sus vidas.

Hace algún tiempo compartí una imagen que demuestra mi sentir acerca del uso de la palabra diabético como un adjetivo, que señala una cualidad o característica que describe a las personas que viven con diabetes. En la frase, mi hijo es diabético, la palabra diabético describe o resalta alguna de sus características y lo determinan, ya que al añadir un adjetivo, ya no se está hablando de mi hijo, sino de mi hijo el diabético. Como dije en aquel escrito, mi hijo tiene muchísimas más cualidades que lo describen, mil veces mejor que la palabra diabético.

Como resultado de esa imagen, recibimos muchos comentarios, pero uno en particular resume mi sentir, y quiero compartirlo con ustedes. José Cortés hoy día tiene 42 años, diagnosticado con diabetes tipo 1 desde los cuatro. Se imaginarán que en aquel entonces, la información acerca de la diabetes tipo 1 era limitada y los mitos interminables. José era el único niño en su familia y escuela con diabetes tipo 1, vivía en un pueblo pequeño y nos cuenta como la etiqueta de diabético lo persiguió por muchos años.

Las maestras, amigos y todo el que se refería a él decía, José, el diabético; inclusive sus padres decían; mi hijo José es diabético. “De pequeño no entendía lo que esa palabra significaba y no le presté importancia”, nos comenta José. Según pasaron los años José se destacó como jugador de fútbol, era un excelente estudiante y un joven tranquilo, apasionado por la lectura.

Como sucede en ocasiones, durante la edad de adolescencia o cuando los dulces guerreros comienzan su etapa universitaria, por diversas razones, se rebelan en contra de su diabetes. Ese fue el caso de José, sus primeros años universitarios sentía mucho coraje con su diabetes, por ser “el diabético”… Su control no era el mejor y muchas veces ocultó su diabetes; “Pensé que si nadie sabía que vivía con diabetes, sería José, el joven que juega fútbol o José, el buen amigo. El ocultar mi diabetes me trajo varios sustos y mis pobres amigos supieron de mi diabetes tipo 1 de camino al hospital en ambulancia”.

En su cuarto año de universidad, José conoce a una persona que él se refiere como su ángel de la guarda. Al comenzar una amistad con ella, durante su primera cita le comenta, “tengo que decirte algo; soy diabético”.

“Mi hoy esposa abrió los ojos como dos faroles y pensé, hasta aquí llegó esto. ¿Quién quiere ser pareja de un diabético? Fue en ese instante donde ella me miró y me dijo; Tu eres José, un chico guapo, agradable y vives con diabetes. Lo que no sabía en aquel momento era que ella estaba estudiando psicología y para mi fortuna fue lo mejor que me pudo haber pasado. Le conté acerca de mi niñez con diabetes y de como una vez que crecí no me gustaba que me dijeran diabético, pero no sabía otra manera de decirlo”. 

“Comenzamos a hacer una lista de mis cualidades, gustos, pasiones, etc… y resulta que la diabetes no era una de mis cualidades, ni de mis fortalezas. Mi esposa, Patricia, me decía; tu eres lo que tu quieres ser, para eso te esfuerzas estudiando y por eso quieres ser reconocido”. 

“¿Por qué utilizar la palabra diabético para describirme? Por qué, si es solo una condición de salud que no hice nada para provocarla, no es una característica de mi personalidad, ni me esfuerzo para ser reconocido por ello. Hacen 20 años dejé de ser José el diabético, hoy día soy José, el esposo de Patricia, papá de Amanda y Lola, el publicista, etc. Y por cierto, vivo con diabetes tipo 1”.

Cuando leí por primera vez la historia de José, me impactó muchísimo. Escuchar estas palabras de alguien que ha vivido con diabetes por los pasados 38 años, reafirma mi manera de expresarme acerca de quien es Jaime. La diabetes no limita a mi hijo y tampoco lo describe. Jaime es un chico adorable, deportista, alegre, simpático, atlético, dulce (no en el plano de la diabetes), guapo, inteligente, que vive con diabetes. A él lo definirán sus esfuerzos, metas y logros; jamás la diabetes.