Diabetes, beisbol y beeeeeeeep

Hay una frase que dice: “Mujer preparada vale por dos”… Y por lo general casi siempre lo estoy. Antes de salir de casa hago revisión mental de todo lo que pueda necesitar para el manejo de la Tía Bety mientras estemos fuera de casa.

El lunes salimos a hacer unas diligencias y luego los chicos tendrían su primera práctica de béisbol. Me concentré en llevarme todos los “gadgets” necesarios para poder aprovechar el tiempo y trabajar mientras ellos practicaban.

Usualmente Jaime se chequea su glucosa una hora antes de comenzar los entrenamientos. De esta manera tenemos tiempo suficiente para hacer cualquier ajuste necesario, siempre tratando de mantener unos niveles de glucosa dentro del rango. En esta ocasión estábamos dentro de su rango. Al llegar a la práctica y antes de comenzar a entrenar, hicimos otra prueba de glucosa, con un resultado de 228 mg/dl, un poco más alto de donde quisiéramos estar durante el ejercicio(180 mg/dl – 120 mg/dl), pero como era el primer día de entrenamiento para Jaime, en un ambiente completamente nuevo, no corregimos. Pensamos que posiblemente esta lectura era producto de la ansiedad, el nerviosismo, y las hormonas.

El entrenamiento marchaba muy bien. Cuando Jaime se hizo el segundo monitoreo de glucosa, tenía 294 mg/dl. Quien estaba manejando la bomba de insulina era su papá, y yo los miraba desde el auto, donde aprovechaba el tiempo para seguir trabajando. Ya había pasado suficiente tiempo para que se adaptara al nuevo ambiente y la glucosa seguía en ascenso. Teníamos que corregir y lo hicimos.

Unos minutos más tarde, Jaime comienza a caminar hacia donde estaba mi esposo y aunque no podía escuchar lo que decía, pude entender que era algo relacionado con el pod. Beeeeeeeeeeeeeeep! Ese sonido agudo que nos avisa que hay un error en la administración de la insulina y HAY que cambiar el pod. “Bueno, pues ni modo, tengo un pod nuevo en la cartera”; fue lo que pensé.

De momento tengo una imagen mental de mi escritorio; adivinen donde estaba la insulina. Si, en mi escritorio, NO en el bulto de Jaime como se supone. Parece que cuando me concentré tanto en llevarme todos los “gadgets” necesarios para aprovechar el tiempo y trabajar mientras ellos practicaban, se me olvidó poner la insulina en su bultito de suplidos. La noche anterior habíamos hecho un cambio de pod y usé la insulina y la dejé encima de mi escritorio.

Nooooo! ¿Que hago? ¿Voy a casa y la busco o resuelvo de otra manera? Y lo peor, tenía que pasar hoy, durante la primera práctica de béisbol de Jaime. Pero ahí es que la experiencia y la educación nos ayudan a resolver proactivamente este tipo de situaciones inesperadas.

¿Y ahora de dónde saco la insulina para corregir, si la bomba no me funciona? Saqué la insulina del pod que dejó de trabajar. Verifiqué cuanta insulina había sido administrada antes del error del pod y cuanta todavía faltaba por ser administrada para completar la corrección. Según el PDM (el controlador) se habían logrado administrar 1.4 unidades de insulina y la corrección total era de 3 unidades, pero tomando en cuenta que no tendría insulina basal siendo administrada, calculé que el restante 1.6 unidades probablemente no sería suficiente, así que decidí enviar 2 unidades.

Esta era la primera vez que sacaba insulina de un pod que había estado usando, pero era la única insulina que tenía disponible en ese momento.

Jaime continuó su práctica, sin bomba de insulina, por unos 45 minutos a 1 hora más. El papá guerrero lo monitoreo otra vez y había habido una disminución en la glucosa. Cuando terminó la práctica y estábamos en el auto, Jaime se chequeó y tenía 122 mg/dl. Ufff! ¡Está trabajando!

Mi hijo vive con diabetes tipo 1, pero mi hijo es un niño que TIENE y que DEBE disfrutar de su niñez, disfrutar al máximo esa primera práctica de béisbol que tanto había esperado. Dejó de trabajar la bomba de insulina, busca alternativas que afecten lo menos posible las actividades de tu dulce guerrero.

Nos van a pasar mil cosas y de todas tenemos que aprender. Como les dije; “Mujer preparada vale por dos”. Y aunque no tenía conmigo el frasco de insulina, tenía jeringuillas, para la inyección, que fue la salvación de la noche.

La diabetes vive con nosotros, pero no nos controla!

(Recuerda, el pod es la infusión de insulina)