Compromiso + Educación = Futuro Saludable

Cuando decidí comenzar este blog, lo hice motivada por mi deseo de compartir la historia y experiencias que hemos vivido y que día a día seguimos viviendo con nuestro hijo. Aunque desearía no tener que pasar por estas experiencias, me siento muy afortunada de tener la guía y apoyo de personas muy educadas en la condición. Esas personas nos han educado y han despertado en nosotros como familia el deseo de continuar esta educación, con el propósito de tener la mayor cantidad de herramientas disponibles para controlar la diabetes de nuestro dulce guerrero. Como familia nuestro objetivo es la salud futura de Jaime, una llena de esperanza y libre de complicaciones.

Siento que es mi responsabilidad compartir esa educación, conocimientos y experiencias con otras familias, y que de alguna manera se puedan beneficiar y despertar en ellos el deseo de seguir educándose por el bien del paciente. Cualquier diagnóstico médico puede ser motivo de tristeza para la familia. Pero, te has puesto a pensar que la condición de nuestros hijos es controlable por nosotros y gracias a Dios no es una enfermedad terminal. Si nos lo proponemos, nuestros hijos pueden tener muchos años de vida sin complicaciones relacionadas a la diabetes.

Tenemos a nuestro favor muchos factores que nos ayudan a tomar el control de la situación. La ciencia ha avanzado mucho y contamos con medicamentos muy eficientes, instrumentos de medición de glucosa certeros, jeringas muy finas, sin dejar fuera las grandiosas bombas de insulina y los monitores de glucosa continuos (CGM). Imagina que nos hubiera tocado vivir esta experiencia en los años 1920 o 1930; la historia sería muy diferente, sería una tarea muy difícil pero aun así, no imposible.

Tenemos como ejemplo a Bob Krause, un caballero de 90 años, que fue diagnosticado con diabetes tipo 1 cuando tenía sólo 5 años de edad. En aquel entonces hacía sólo cinco años que la insulina había sido descubierta. Su madre no tenía jeringas finas y desechables para inyectar a su hijo. Ella contaba con jeringas de cristal, de largas y gruesas puntas (imagino lo dolorosas que eran); las pruebas de azúcar eran complicadísimas y la insulina provenía de derivados animales lo que ocasionaba peligrosas hipoglucemias y grandes reacciones locales, debido en gran medida a sus impurezas. En fin tenían todo en su contra para no lograr el control ideal y rendirse ante la condición de su hijo. Pero la Sra. Krause ya había perdido un hijo a causa de la diabetes tipo 1 y ella no dejaría que esta condición le arrebatara otro hijo.

Si esta madre en aquel entonces tuvo la determinación de controlar la condición de su hijo y educarlo de manera correcta y responsable, con unos recursos tan limitados; imaginen lo que podemos lograr nosotros con toda la tecnología, medicamentos e información que tenemos a nuestro alcance. No tenemos excusas para no controlar la diabetes en nuestros hijos y mucho menos para no educarnos y educarlos a ellos. Es cuestión de compromiso y responsabilidad hacia nuestros hijos, de nosotros depende su futuro y su salud.