Acompañando a nuestros dulces guerreros en su larga travesía

Últimamente he recibido varios mensajes de dulces guerreros que ya son jóvenes adultos, y me han comunicado algo que me preocupa bastante. Me dicen que aunque llevan años viviendo con diabetes, aún no logran aceptar su diagnóstico. Esto los ha llevado a pasar por depresiones, afectando su vida social y su salud emocional. El comentario que más frecuentemente hacen es que sus padres no tenían los conocimientos necesarios para entender la condición y poder educarlos de mejor manera.

En la mayoría de los casos, los padres mantenían en secreto la condición de sus hijos por temor a discrimen, burlas o cuestionamiento por parte de otras personas. Muchos de estos padres al no conocer bien la condición, creían que ellos eran los culpables del padecimiento de sus hijos.

Los tiempos han cambiado y posiblemente los padres de estos jóvenes no tuvieron acceso a la información, educación y apoyo que hoy día está disponible, personalmente o virtualmente, a través de las redes sociales y sitios web. Pero con todas las herramientas que están a nuestro alcance, NO podemos dejar que algo similar nos ocurra a nosotros. Para lograr sobrepasar estas situaciones, tenemos que educarnos hoy, mañana y siempre, tenemos que conocer la condición de la A a la Z, enrollarnos las mangas y trabajar muy fuerte.

El primer paso para poder comenzar el proceso de educación de la diabetes es la aceptación de la condición. Las primeras personas que tienen que aceptar la llegada de la Tía Bety (diabetes) al hogar somos nosotros los padres. Es muy doloroso, triste y frustrante, pero tienes que ver al ser humano tan hermoso que Dios te ha dado por hijo; y por ese hijo y un futuro saludable es que tenemos que hacer lo que nos ha tocado hacer. Nuestros hijos no tiene un defecto, no tienen algo que los haga menos o que les impida lograr sus sueños y alcanzar sus metas, y nosotros como sus padres, tenemos que llevarles ese mensaje claro. El apoyo primordial e inmediato de un niño o un joven con diabetes somos nosotros.

Al aceptar la diabetes y entender como podemos ayudar a nuestros hijos, tendremos la capacidad de actuar de manera correcta, tranquila y pausada para enfrentar las situaciones diarias que la diabetes nos presente. Somos el ejemplo a seguir de nuestros hijos, si ellos nos ven tranquilos y actuando pro activamente, ellos copiarán nuestro estilo. De esta manera nuestros dulces guerreros no sentirán que son diferentes a otros niños y crecerán educados en su condición, cada día con más herramientas para tomar mejores decisiones en su tratamiento. Es importante recordar que nuestros niños van creciendo y poco a poco tenemos que comenzar a soltar las riendas, y dejar que ellos tengan más responsabilidades en el manejo de su diabetes. No queremos que llegue la adolescencia y luego que se conviertan en jóvenes adultos y no hayamos logrado educar correctamente a nuestros dulces guerreros para enfrentar a la Tía Bety.

Tenemos que entender que en ocasiones nuestros chicos no tendrán la misma actitud positiva ante su condición, se cansarán, frustrarán y posiblemente llegarán a detestarla. No queremos ser ese padre que cuando los resultados de las glucosas están elevados, comience a regañar, a juzgar o a reclamar; somos parte del equipo de trabajo de nuestros hijos y hay que buscar el por qué de esos resultados fuera de rango y utilizar la oportunidad para continuar nuestro trabajo de educación. En ocasiones nos frustraremos, molestaremos y posiblemente nos provocará dar el regaño del siglo, pero las actitudes negativas sólo provocan eso, negatividad.

Hace poco tiempo, Jaime tuvo un momento de frustración o rebeldía ante su diabetes y tanto papá como yo sacamos un rato para hablar con él. Le explicamos que es normal que en ocasiones se sienta así y que es saludable que exprese su sentir; pero si de algo Jaime puede estar seguro es que JAMÁS tendrá que enfrentarse a la diabetes sólo (refiriéndonos al manejo de sus emociones y toma de decisiones). Sea un niño, joven o adulto, siempre lo apoyaremos y aconsejaremos, y estaremos pendiente. Cada día él va asumiendo más responsabilidades en su cuidado, pero nunca le haré sentir que esta sólo.

Así cómo tratamos de complacer a nuestros hijos con los juguetes o regalos favoritos, tenemos que regalarles seguridad, apoyo, comprensión, empatía y amor. Hay que dejarles saber que no tenemos ningún tipo de vergüenza por su condición y que SIEMPRE estaremos listos para darles la mano cuando ellos lo necesiten.